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Palabra y Espíritu, dos elementos en nuestra lectura bíblica.

el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.

Este es el versículo que usualmente se cita para rechazar el estudio de la Palabra. (Esto ya lo he explicado aquí, así que no lo volveré a explicar.) No obstante, Pablo esta apuntando a nuestra nueva posición en el reino de Dios, que somos ministros del Nuevo Pacto, que esta intermediado ya no por la letra que mataba, pero por el Espíritu.

En la clase de la Universidad de Ginebra sobre el Calvinismo y Calvino, vemos que Calvino veía que una lectura Cristiana del texto, tenia que ser iluminada por el Espíritu Santo. Karl Barth, en el siglo 20, hizo eco de esto, al ver que la Palabra de Dios se convertía en Palabra de Dios cuando el Espíritu iluminaba al lector. Si no, era pura pasta al lector. Esto, aunque criticado por los Fundamentalistas, tiene mucho de razón. Explica el porque existen personas como Barth Erhman, o Francesca Stavrakopoulou, que a pesar de leer y hacer su vida y sustento del texto bíblico, no lo creen y viven quitándole toda autoridad.

Pablo, Calvino y Barth, ven lo que pasa al creyente al venir a Cristo, su modo de lectura cambia, no por un ejercicio mental, o aprender una disciplina de interpretación, pero por medio del Espíritu:

2 Corintios 3:14-18 13 y no somos como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro para que los hijos de Israel no fijaran su vista en el fin de aquello que había de desvanecerse. 14 Pero el entendimiento de ellos se endureció; porque hasta el día de hoy, en la lectura del antiguo pacto el mismo velo permanece sin alzarse, pues sólo en Cristo es quitado. 15 Y hasta el día de hoy, cada vez que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones; 16 pero cuando alguno se vuelve al Señor, el velo es quitado. 17 Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. 18 Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.

Podemos apreciar, por lo tanto, la diferencia que hay entre un lector que no tiene el Espíritu, y un lector que no solo es poseído por el Espíritu Santo, sino que es guiado en su lectura por el del texto bíblico.

Esto va conforme a lo dicho por Pablo en Romanos, que es el Espíritu Santo que nos confirma que somos hijos de Dios:

Romanos 8: 15 Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios,

Es de notar, que Pablo no apela a un versículo bíblico para darnos la seguridad de nuestra adopción al pueblo de Dios, mas bien, apunta al testimonio del Espíritu Santo en nosotros.

Esta practica, de depender del Espíritu, ha sido reemplazada por un biblicismo que exprime al Espíritu de la Palabra. Levantar a la Biblia sobre el Espíritu que inspiro a la Biblia, es tener un cristianismo sumamente desequilibrado. No aceptamos nuevas relevaciones, pero si debemos de aceptar que sin la iluminación del Espíritu Santo, el velo aun seguirá en nuestros ojos, y no podremos leer la Palabra de Dios como Cristo, por medio de su sacrificio, consiguió por nosotros hacerlo. Y si no hacemos tal cosa, basandonos en 2 Corintios 3:6, no estamos desempeñando nuestro sacerdocio correctamente.

Ganador de Rifa -Diccionario de Jesus y los Evangelios

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