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Cuando Los Cristianos eran Ateos – Conociendo el Cristianismo Primitivo con Larry Hurtado Disponible en Español

 


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Este libro ha aparecido en Español. En realidad, esta lectura es requerida de todo aquel interesado en el Cristianismo primitivo, de cómo los cristianos fueron considerados por lo que los rodeaban, y como las creencias cristianas llegaron a conquistar y a formularse dentro de este periodo.

Aca la reseña proveída por editorial Sigueme:

En sus orígenes, el cristianismo fue considerado por sus contemporáneos paganos una innovación social peligrosa. La crítica de algunos miembros de la élite cultural, su temor a que la nueva superstición transformara radicalmente su forma de vida, deja traslucir que aquellas prácticas y valores se extendían incluso entre los grupos influyentes.

Sin embargo, a quienes se integraban en una comunidad cristiana esto les acarreaba numerosas dificultades: oposición familiar, desprecio social y hasta persecución política. Entonces, ¿qué encontraban en aquellas comunidades para que mereciera la pena soportar tantos inconvenientes?

El autor intenta dar respuesta a estos enigmas. Por un lado, describe el proceso de configuración de una identidad colectiva en el nuevo grupo religioso. Por otro, señala las peculiaridades (religiosas, culturales, éticas) que diferenciaban a este movimiento del contexto grecorromano, hasta el punto de parecer una extravagancia social.

Desde sus inicios, el nuevo estilo de vida cristiano deja sentir su influjo en Roma y en todas aquellas culturas con las que entra en contacto.

Aca se ofrece la introducción al libro en PDF.

 

Cuando el Cristianismo era ateo

¡Los primeros Cristianos eran ateos! Al menos, así es como algunas personas de la época los vieron en los primeros siglos, y no es difícil ver por qué. Lo más importante, se negaron a adorar a los dioses tradicionales. Pero también, juzgados por los criterios de la era Romana, ni siquiera parecían practicar una forma reconocible de religión. En el crucial primer par de siglos por lo menos, no tenían santuarios ni templos, ni altares ni imágenes, ni ritos de sacrificio ni sacerdocio.[1]

Por supuesto, los primeros Cristianos fueron acusados de varias cosas. Habían las salvajes afirmaciones de que los Cristianos participaban en el canibalismo y las orgías sexuales, afirmaciones que circulaban principalmente entre la chusma. Sin embargo, críticos más sofisticados los describieron como profundamente subversivos de las estructuras sociales, religiosas y políticas del mundo romano. Una de las otras etiquetas lanzadas contra el Cristianismo era que era una superstitio (superstición), un término latino que designaba mala a una religión, la clase considerada estúpida, incluso peligrosa. Pero “ateo” fue probablemente la acusación que reflejó más directamente la naturaleza marcadamente distintiva, incluso problemática, del Cristianismo en los primeros siglos.

A diferencia del énfasis actual, sin embargo, en el mundo Romano el ateísmo no era principalmente una cuestión de creencia o incredulidad. En cambio, lo que entonces se consideraba “piedad” o ser religioso era principalmente la participación en la adoración de los dioses. En ese escenario, negarse a hacerlo era el ateísmo. Los antiguos filósofos especulaban acerca de los dioses, de dónde provenían, de lo que realmente eran, e incluso si realmente existían, pero eso no era tanto un problema. Lo que importaba era participar en los ritos tradicionales dedicados a los dioses. Y los filósofos que especulaban sobre los dioses no trataban particularmente de desalentar la participación en los ritos tradicionales, ni siquiera de retirarse (al menos públicamente) de participar ellos mismos. Pero los Cristianos (que en el segundo siglo eran principalmente paganos convertidos) se supone que debían desistir de la adoración de los dioses. . . todos ellos. Además, las enseñanzas Cristianas ridiculizaban a los dioses como seres indignos, y lo que la mayoría de la gente consideraba como “piedad” -participación en los ritos tradicionales a los dioses- fue designado en la enseñanza cristiana como “idolatría”.

Para apreciar lo que significaba este rechazo de los dioses tradicionales, también debemos entender que los dioses y reverenciarlos fueron tejidos a través de todos los aspectos de la vida. Las familias tenían deidades domésticas. Las ciudades tenían sus dioses guardianes. El Imperio Romano en general descansaba sobre los dioses, como la diosa Roma. Prácticamente cualquier ocasión social, como una cena, incluía una expresión de reverencia por una deidad dada. Reuniones de gremios, como pescadores, panaderos, u otros, todos ellos reconocieron a su dios apropiado.

Por lo tanto, rehusarse a unirse a la adoración de cualquiera de estas deidades de una manera exhaustiva era un movimiento muy radical, y también arriesgado, con costos sociales amplios. La gente se ofendió comprensiblemente, y los Cristianos podrían recibir una buena dosis de ira y hostilidad que podría incluir abuso verbal y físico. En algunos casos, el rechazo Cristiano de los dioses condujo a la comparecencia ante magistrados Romanos, dando lugar a castigos, incluso ejecuciones. En el siglo III, hubo espasmos ocasionales de persecución imperial contra los Cristianos que podrían incluir confiscación de posesiones y condenas de muerte. Y por lo menos a finales del segundo siglo, hubo ataques literarios a gran escala sobre el Cristianismo, el más conocido hoy por el escritor pagano Celsus.

En estas circunstancias, no debería sorprender que los Cristianos a menudo hicieran varios compromisos, negociando su existencia para evitar conflictos donde pudieran hacerlo. Pero las críticas paganas sobre los Cristianos sugieren que eran conocidos con más frecuencia por negarse a honrar a los dioses en lugar de inclinarse por las presiones sociales para hacerlo.

Irónicamente, sin embargo, este antiguo ateísmo Cristiano tenía una base profundamente religiosa. Fue una crítica radical de la religión tradicional que fue impulsada por poderosas convicciones teológicas. Los Cristianos que abandonaron a los dioses tradicionales se volvieron a un tipo diferente de deidad. Su deidad no podía ser representada en una imagen. Esta deidad es el creador y gobernador de todas las cosas y de todos los pueblos, y solo el es digno de adoración. Pero los Cristianos caracterizaron a esta deidad todopoderosa, quizás sobre todo, como motivada por un amor todopoderoso por el mundo y sus habitantes. Esta fue una afirmación sin precedentes en el ambiente religioso pagano de la época. Además, la adoración adecuada de esta deidad Cristiana era principalmente verbal, en oraciones y cantos (Efe. 5:19-20; Col. 3:16; Heb. 13:15) Y la piedad que exigía esta deidad se muestra particularmente en el amor, para los hermanos Cristianos, sin duda, pero también, notablemente, incluso para los enemigos.

Por supuesto, había un endeudamiento evidente con la tradición Judía en la que surgió el Cristianismo primitivo. El Judaísmo, sin embargo, siempre estaba estrechamente ligado a su propia etnia. Ser un convertido completo al Dios del Judaísmo significaba cambiar también su identidad étnica. Pero el Cristianismo primitivo surgió rápidamente como un movimiento trans-étnico, proclamando agresivamente su mensaje y reclutando antiguos paganos a su peculiar mensaje en una escala que lo convirtió en una amenaza de una manera que nunca fue verdadera del Judaísmo. En la religión, como en otros asuntos, el Cristianismo primitivo ayudó a destruir un mundo y crear otro. Y los efectos de este antiguo “ateísmo” Cristiano persisten hasta nuestros días. El ateísmo moderno tal como lo conocemos está modelado por la fe Cristiana contra la cual reacciona. ¡Incluso los ateos modernos asumen que sólo hay un dios que dudar!

Larry W. Hurtado, autor de Destroyer of the gods: Early Christian Distinctiveness in the Roman World (Baylor University Press, 2016).

[1] Por supuesto, los primeros textos cristianos comparan la comida eucarística con los altares de las deidades paganas (por ejemplo, 1 Corintios 10:21) y al altar del templo de Jerusalén (Hebreos 13:10). Pero no había altares reales ni ritos reales de sacrificio. En el siglo III habían estructuras de la iglesia usadas para la adoración regular, la más conocida siendo la iglesia excavada en Dura Europos (Siria).

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