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I.- MONOTEÍSMO DEL SEGUNDO TEMPLO Y SUS IMPLICACIONES A NUESTRA COMPRESIÓN DEL UN SÓLO DIOS

Introducción

Uno de los pilares de la doctrina cristiana es la existencia de un solo Dios, esto es algo heredado del Judaísmo, el cual lo confiesa principalmente en la Shema encontrada en Deuteronomio 6.

“Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es” (Dt 6:4 LBLA).

Jesús en el Nuevo Testamento, al preguntársele cual era el más importante mandamiento, hace eco de esta confesión de fe hebrea respondiendo: 
“El más importante es: Escucha, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Mr 12:29 LBLA)

Finalmente, vemos en Pablo, una aplicación de esta confesión fundamental del Judaísmo, pero con una modificación radical. En 1 Cor. 8:6 vemos a Pablo otorgándole el titulo “Señor” a Jesús, que es dado en la Shema a Dios, y llamándole al Padre “Dios”.

“Sin embargo, para nosotros hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para El; y un Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por medio del cual existimos nosotros” (1 Cor. 8:6 LBLA).

Podemos ver que la declaración que para Israel hay sólo un Dios es fundamental, ese entendimiento del “Señor uno es”, o “un sólo Dios”, se ha explicado con la palabra “monoteísmo”. En esta serie, veremos el origen de esa palabra y como ha sido usada desde el inicio.

También veremos como Israel ha luchado constantemente en mantener su fe monoteísta, tanto por las influencias externas a las que ha sido expuesta desde el llamado de Abraham, hasta la deportación y exilio. Luego veremos como el entendimiento de no seguir al único y verdadero Dios, repercute en la creencia y practica del Judaísmo contemporáneo de Jesús, que vio nacer al Cristianismo.

Por lo tanto, veremos como el desarrollo del entendimiento sobre el pilar de la fe Cristiana, que hay un sólo Dios, tomó lugar en Israel, luego en el exilio y finalmente con Jesús y sus apóstoles. Esto nos confirmará que el Cristianismo Trinitario es consistente con el Monoteísmo que vemos en Israel y la Biblia, y toma en cuenta la revelación traída por nuestro Señor Jesús sobre quien era el Padre.

“Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer” (Juan 1:18 LBLA).


 

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