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¿Cómo leía su Biblia Jesús? 2

Cuando yo enseño sobre Lucas 4, señalo que Isaías 61:1-2 era uno de los pasajes más populares en el judaísmo. Es citado en los Manuscritos del Mar Muerto y otros escritos, así como en la literatura rabínica. ¿Alguna vez han visto uno de esos letreros que dicen “Juan 3:16”? En la época de Jesús ése letrero habría dicho “Isaías 61:1-2”.

Lo que lo hacía tan importante era que se trataba de un pasaje típico para el Año del Jubileo. Era un texto que expresaba la esperanza de Israel, de liberación no sólo de la opresión espiritual, sino también de la opresión política y económica. La visión de Isaías era deshalom, de plenitud de todo en la vida.

La primera cosa a notar es que Jesús no cita el texto entero, sino que elimina una línea muy importante: “y el día de la venganza de nuestro Dios”. La pregunta es: ¿por qué hizo esto?

Algunos sugieren que ahora es el tiempo de la gracia, así que Jesús no cita el texto acerca de la venganza de Dios porque esta vendrá más adelante, al final de los tiempos. Pero en ningún otro lugar Jesús parece citar el texto bíblico de esta manera, y nunca parece dividir la obra de Dios en dispensaciones o períodos de tiempo. Algo más está pasando aquí.

En segundo lugar, está el problema de traducción que surge en Lucas 4:22. La mayoría de las traducciones indican que la multitud estaba satisfecha con Jesús. Estos mismos oyentes de la sinagoga después comentan: “¿No es éste el hijo de José?”

La entonación que se supone debemos usar sería algo así como: “¡Qué buen sermón y qué buen predicador ha resultado ser Jesús, su padre estaría muy orgulloso!” Pero, ¿es este el caso?

El texto griego es bastante sencillo y varias versiones tradicionales lo traducen adecuadamente como “todos daban testimonio de él”. Este testimonio no es ni positivo ni negativo. ¿Por qué entonces los traductores dicen “todos hablaban bien de él”?

Los traductores tienen que hacer lo que se conoce como una decisión sintáctica, tienen que decidir si el “dar testimonio” es negativo o positivo. Técnicamente hablando, tienen que decidir si el pronombre dativo, “de él”, es un dativo de desventaja o un dativo de ventaja: ¿la multitud daba testimonio a su favor o en su contra?

Si es el primer caso, entonces la entonación que dimos antes a la frase “¿no es éste el hijo de José?” tendría sentido, y a continuación Jesús se pondría sarcástico sin ninguna razón; pero si es el segundo caso, entonces también podríamos traducir este texto como “y todos hablaban mal de su sermón”, es decir, que no les gustó lo que dijo.

De forma que la entonación de la frase “¿no es éste el hijo de José?” debería ser traducida algo así como:“¿Quién se cree Jesús que es entrando en nuestra la sinagoga y diciendo esas cosas?” Con esta traducción alternativa y preferible del versículo 23, Jesús no está siendo sarcástico sino que está respondiendo a la negatividad de los oyentes.

Un tercer punto a destacar se refiere a los dos ejemplos que Jesús cita, de dos de los más grandes profetas de Israel, Elías y Eliseo. En ambos casos Jesús señala que Dios trabajó no dentro de los límites de Israel sino fuera del pueblo elegido cuando envió a estos profetas a alimentar y sanar.

¿Cuál es la conexión entre lo que estos profetas hicieron y lo que Jesús dijo cuando citó el texto de Isaías, y por qué la gente se enojó tanto con él como para querer matarlo?

Hemos señalado que cuando Jesús citó el texto de Isaías no citó la frase “y el día de la venganza de nuestro Dios”. Si, en la opinión popular, parte de la promesa del jubileo era que Dios iba a liberar a Israel de sus opresores, y si esa expectativa era que Dios iba a castigar a sus opresores, entonces la frase “y el día de venganza de nuestro Dios” sería un aspecto de la ansiada y esperada liberación con la que los enemigos de Israel serían derribados.

La liberación política era considerada un aspecto de la ira de Dios sobre los enemigos de Israel. Al eliminar esta línea, Jesús también eliminó la posibilidad de que el jubileo incluyera la ira de Dios sobre todos los que oprimían a Israel. Sus palabras eran de hecho “palabras de gracia”.

La cita de los dos ejemplos de Elías y Eliseo justifica la exclusión por parte de Jesús de este dicho de venganza, porque ambos profetas habían realizado sus milagros de curación entre extranjeros, a los que (en la religiosidad popular) se suponía que Dios odiaba.

En resumen, Jesús les estaba diciendo a sus oyentes de la sinagoga:

“El Jubileo está aquí, no sólo para ustedes sino también para aquellos que ustedes odian; de hecho, Dios también se dirige a sus opresores con este mensaje de jubileo, liberación y salvación. Dios se convertirá en el Dios de ellos, y por lo tanto todos ustedes serán una familia”.

Ahora podemos empezar a entender por qué se enojaron tanto con él.

Pero hay una implicación adicional que puede extraerse de esto. Mediante la eliminación de la frase relativa a la venganza de Dios, Jesús eliminó la noción de violencia retributiva de la doctrina de Dios.

En efecto, él está diciendo que Dios no es como pensamos: amoroso con nosotros y enojado con los que odiamos. Hay una pegatina con una frase que capta este problema. Dice: “¿No es conveniente que Dios odie justo a la misma gente que tú?”

Al igual que los galileos, también nosotros tenemos la tendencia de querer creer que Dios está de nuestro lado y que juzgará “al otro” que está en nuestra contra o es diferente a nosotros. Tal no era el caso con Jesús. El observó que Dios no hace distinciones entre los justos y los malos, entre opresores y oprimidos: ambos necesitan la liberación y la bendición de Dios. ¿No dice él: “Dios hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45)?

Este es quizás el punto más importante que trato de hacer en mi libro La vida impulsada por Jesús, que, como Jesús, es esencial para que podamos comenzar a replantearnos la forma de entender la “ira” o violencia retributiva de Dios.

Sugerir que Dios no es violento o mejor aún, que Dios no interviene en el ciclo de venganza y castigo retributivo sin duda le parecerá a muchos algo equivocado. Algunos de lo que hayan leído hasta aquí sin duda estarán dispuestos a expulsarme del pueblo. Si usted se siente así, ¿cuál es la diferencia entre como se siente usted y como se sintieron los oyentes de Jesús el día que él predicó en la sinagoga de su pueblo?

Nada molesta más a algunas personas que perder a un Dios iracundo, enojado, retributivo y castigador. Esto es sólo porque queremos creer que Dios toma partido, y que ese partido es inevitablemente el nuestro.

Por Michael Hardin.

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