Justicia Incorporada – 2

4.3 Un Juicio sobre la Justicia Imputada

Robert H. Gundry, reaccionando a lo que ve como el excesivo énfasis en la justicia imputada en el documento El Evangelio de Jesucristo: Una Celebración Evangélica,[1] sostiene que tal doctrina va en contra del testimonio bíblico. Él desfila a los textos habituales sospechosos que se dicen que implican la justicia imputada (Gálatas 3.13; 2 Cor 5.19-21; 1 Cor 1.30; Phil 1.11; 3.9; Gal 3.6; Rom 1.17; 3.21-31; 4.6-24; 5.12-21; 10.3-4) y dice que: “No se dice nada acerca de la sustitución de los pecados de los creyentes con la justicia de Cristo.”[2] En consecuencia, Gundry aboga por que la doctrina de la justicia imputada de Cristo debe ser abandonada como no bíblica.

No es un accidente, entonces, que en los tratamientos de los teólogos del Nuevo Testamento recientes y actuales sobre la justificación, sería difícil encontrar cualquier discusión sobre una imputación de la justicia de Cristo … La idea es passé, no debido a la influencia Católica Romana ni porque del liberalismo teológico, sino por fidelidad a los textos bíblicos relevantes. Así, los teólogos del Nuevo Testamento están dispuestos a hablar de la justicia de Dios en cuanto a su acción salvífica en un marco, no en términos de imputación de la justicia de Cristo en un marco de contabilidad.[3]

Mark A. Seifrid ha escrito dos monografías sustanciales sobre la justificación y en el curso de su investigación ha sido un fuerte crítico de la Nueva Perspectiva de Pablo. La contribución de Seifrid al tema incluye: (1) Él reconoce que la comprensión de la justificación como la “no imputación del pecado y de la imputación de la justicia de Cristo” es de hecho una forma razonable de entender la naturaleza forense de la justificación enfrente de una vista de infusa o impartida justicia. El problema con el término “la justicia imputada de Cristo” no es que sea malo, sino que es deficiente. (2) El énfasis en la imputación trata con el veredicto justificador de Dios como un regalo aislado sin relacionarlo con la teología Cristo-céntrica de Pablo.  En consecuencia, se reduce la justificación a un evento abstracto que se produce en el creyente en lugar de verlo como algo que ocurre en Cristo. Seifrid declara: “Es mejor decir con Pablo que nuestra justicia se encuentra, no en nosotros, sino en Cristo crucificado y resucitado” (3) La tendencia Protestante a ver la salvación en términos de una serie de ideas consecutivas (justificación, santificación , glorificación) no trata con la concepción de Pablo de la justificación como un término amplio e integral en relación a la redención, el perdón de los pecados, la paz, la resurrección y el don del Espíritu. Por lo tanto la justificación no es más que el borron de nuestro fracaso complementado por una justicia ajena, sino que emerge como el acto supremo de Dios en Cristo para nuestra salvación.  Además, su dimensión cristocéntrica significa que los imperativos de amor continuo, la fe y la obediencia nunca están aislados de la justificación misma. (4) De acuerdo con Seifrid, la justificación del creyente no puede ser separada de la justificación de Dios en su ira hacia la maldad humana. Imputación detrae momentáneamente de la calidad teocéntrica de la justificación pues no puede haber justificación del creyente sin la justificación simultánea de Dios.[4]

N. T. Wright aboga por que la justificación es jurídica (en un sentido Judío), Pactal y escatológica. Además, no se trata de obtener entrada pero diciendo quien esta adentro. Por lo tanto la justificación es más sobre la eclesiología que de la soteriología (teniendo en cuenta que Wright piensa que la justificación confiere un estatus positivo de “justo” en el creyente).[5] Según Wright, no tiene mucho sentido decir que Dios, como un juez, le imputa, imparte, lega, transmite o no transfiere su justicia a que es el demandante o el demandado”.[6]

Por el contrario varios estudiosos han tratado de responder a la reciente evolución repitiendo los argumentos tradicionales para la justicia imputada incluyendo, RC Sproul, Wayne Grudem, James White y Philip Evasón.[7] Con mucho, la defensa más capaz y rigurosa de la justicia imputada en los últimos tiempos ha venido de John Piper.[8]  Piper comienza por despertar nuestra atención sobre el significado pastoral de la doctrina de la justificación. Usando Gundry como su papel de fondo, Piper entonces desarrolla su argumento de que una justicia externa, es decir, la justicia de Cristo, es imputada a los creyentes en lugar de que su propia fe se le cuenta por justicia. También rechaza la idea de que la justificación es transformadora y es una categoría defendiendo la liberación del dominio del pecado.

Lo que es muy importante es que la validez exegética de la justicia imputada está siendo cuestionada no solo por los que están dentro de la trayectoria de la NPP, sino que también por los evangélicos (Seifrid y Gundry) que a su vez han sido muy críticos con la NPP.[9]


[1] The Gospel of Jesus Christ: An Evangelical Celebration,” Christianity Today 43.7 (Junio 14 1999): 51-56.

[2] Robert H. Gundry, “Why I Didn’t Endorse ‘The Gospel of Jesus Christ: An Evangelical Celebration’ . . . Even Though I Wasn’t Asked to,” Books and Culture 7.1 (January-February 2001): 6-9.

[3] Gundry, “Why I Didn’t Endorse”, 9.

[4] Mark A. Seifrid, Christ, our righteousness: Paul’s Theology of Justification (NSBT; Downers Grove: IVP, 2000), 173-75

[5] Tom Wright, El Verdadero Pensamiento de Pablo (Terrasa: CLIE, 2002), 106-142.

[6] Wright, Pablo, 106.

[7] R.C. Sproul, Faith Alone: The Evangelical Doctrine of Justification (Grand Rapids, MI: Baker, 1995); idem, Getting the Gospel Right: The Tie That Binds Evangelicals Together (Grand Rapids: Baker Books, 1999); Wayne Grudem, Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine (Leicester, England/Grand Rapids, MI: IVP/Zondervan, 1994), 726-29; James R. White, The God Who Justifies (Minneapolis: Bethany, 2001); Philip Eveson, The Great Exchange: Justification by Faith Alone in Light of Recent Thought (Kent, England: Day One Publications, 1996). Vale la pena consultar para una defensa histórica de la justicia imputada también Charles Hodge, “Testimonies to the Doctrine of the Imputation,” Biblical Repertory and Princeton Review 11 (1839): 553-79.

[8] John Piper, Counted Righteous in Christ: Should We Abandon the Imputation of Christ’s Righteousness? (Wheaton, IL: Crossway, 2002);  para una critica recién del argumento de Piper, ver, Don Garlington, “Imputation or Union with Christ?  A Response to John Piper,” R&RJ 12 (2003): 45-113.

[9] Robert H. Gundry, “Grace, Works, and Staying Saved in Paul,” Bib (1985): 1-38; Mark A. Seifrid, “The ‘New Perspective on Paul’ and its Problem,” Them 25 (2000): 4-18.

 

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