El curioso encanto de los niños predicadores

Cordelia Hebblethwaite

BBC News 

 Sábado, 1 de septiembre de 2012

Con tan sólo 11 años, Ezekiel Stoddard fue ordenado ministro de la iglesia de su familia. Éste es el caso más reciente en Estados Unidos, un país con una larga historia de niños predicadores.

De pie frente a la congregación, su cabeza apenas visible detrás del atril, está listo para pronunciar su sermón.

Stoddard habla con rapidez e insistencia, e intercala un amén o un aleluya entre vesículo y versículo.

Pese a su corta edad, está vestido como un señorito.

“¿Están listos?”, dice a los pocos minutos mirando fijamente a la entusiasmada congregación. “¿Están listos?”.

Repite la pregunta cinco veces hasta que exclama a viva voz: “¿Están listos para la resurrección de Cristo?”.

Y con esta frase, termina su homilía.

Pero el show continúa: junto a sus hermanos -Corrine de 15 años, Hezekiah de 13 y Micah de 7-, ordenados en fila de menor a mayor, Stoddard entona un góspel que acompaña rítmicamente con el movimiento de su cuerpo.

“Yo vine a verlo y me encantó. Me pareció extraordinario”

Raquel Hall

La música es entretenida y los feligreses de la Iglesia Misionaria Bautista Centrada en Cristo, en el este de Washington DC, se suman al canto y la danza.

Luego siguen las bendiciones.

Uno a uno, los miembros de la congregación se arrodillan y susurran en su oído. Stoddard le ordena al diablo que se vaya o invoca una sanación.

“Es un joven increíble”, dice el reverendo Hercules S. Jones, quien invitó al niño a predicar en su iglesia. Es inspirador, agrega.

Y, además, atrae a las masas.

“Yo vine a verlo y me encantó”, dice con una sonrisa Raquel Hall, de 39 años. “Me pareció extraordinario”.

“Es impresionante”, manifiesta Daisy Reed, una diaconisa de la iglesia que trajo a sus amigas de gimnasia especialmente para verlo.

Novedad

Ezekiel StoddardSu madre dice que Ezekiel es un niño como cualquier otro: juega tenis, atrapa largartijas… pero siempre dedica dos horas al día a leer la Biblia.

La madre y el padre de Stoddard son pastores, y hace dos años fundaron su propia iglesia de paredes blancas, cortinas rojas, flores y un sistema de sonido tan potente que puedes sentir los bajos resonando en tu pecho.

Y fue allí que, a principio de este año, su hijo fue ordenado como ministro y su hermano, Hezekiah, como diácono.

“Fue maravilloso”, dice Hezekaih, “todo el mundo nos aplaudía, y cuando nos presentaron ante la multitud, todos se pusieron de pie y nos ovacionaron”.

Micah, de solo 7 años, quiere seguir los pasos de sus hermanos.

Estados Unidos no es el único país en el que abundan los niños predicadores. Hay muchos en Brasil por ejemplo y, en Indonesia, hay incluso un controvertido programa de televisión donde compiten jóvenes predicadores islámicos.

Es probable que este fenómeno comience a darse con más frecuencia en las confesiones que enfatizan el poder del Espíritu Santo y alientan la participación, señala Edith Blumhofer, experta en Historia de la Cristiandad del Wheate College en Illinois.

También es probable que surja en los sectores de la población considerados marginales.

Dinamismo religioso

PastorMuchos comienzan a una edad muy temprana. Este predicador comenzó a los cuatro años, en 1948.

En la década del 20 y 30 abundaban los niños pastores, ahora no están surgiendo muchos, afirma Ted Lavigne, un ministro retirado que está escribiendo un libro sobre el tema.

La mayoría de los niños predicadores que Lavigne encontró durante su investigación son estadounidenses.

“Hay un cierto dinamismo en la religión en EE.UU. que no tiene paralelo en el resto del mundo, somos un pueblo incurablemente religioso”, explica Randall Blamer, director del departamento de Religión del Darmouth College, en Reino Unido.

“Creo que el atractivo de los niños pastores está en que son una novedad”, agrega.

Por otra parte, las iglesias en Estados Unidos están muy poco reguladas, casi cualquier persona puede fundar una iglesia y establecer sus propias reglas.

La iglesia de la familia de Stoddard no está asociada con ninguna confesión religiosa. Esto les da una independencia mayor y por tanto no tienen que cumplir con una serie de normas, como por ejemplo las relativas a la ordenación.

Sin embargo, sus acciones han despertado muchas críticas. Muchos dicen que los niños de la edad de Ezekiel son muy jóvenes para ser ordenados y dar sermones, y sacan a relucir casos que acabaron mal.

Cuando sea grande

CongregaciónLa música es parte importante del ritual en la iglesia de los Stoddard.

Quizá el más dramático sea el de Marjoe Gortner, un niño predicador que confesó décadas más tarde que nunca había creído y que sólo desempeñó este rol para satisfacer las exigencias de sus padres primero y para ganar dinero después.

Uno de los niños pastores más famosos fue en realidad una niña, Uldine Utley, que ganó fama en los años 20, ofreciendo sus sermones por todo el país hasta que desapareció de la vida pública y terminó sus días en una institución mental.

“Como adulta tuvo que luchar mucho porque ya no tenía el mismo encanto”, explica Edith Blumhofer.

“Hay una cierta pureza asociada a la infancia. Cuando creció, se volvió menos interesante”.

La familia Stoddard tiene plena conciencia de las críticas que les hacen.

“¿Me duele cuando la gente dice algo de mi hijo? Claro, porque antes que nada soy madre”, dice Adrienne Smith.

Pero los que lo critican no lo conocen, exclama. Lo estereotipan por que conocen otros casos.

“¿Me duele cuando la gente dice algo de mi hijo? Claro, porque antes que nada soy madre”

Adrienne Smith, madre de Ezekiel Stoddard

Según Smith sus hijos son perfectamente normales y hacen muchas cosas de niños, como nadar, jugar al tenis o andar a caballo.

Ezekiel adora jugar en el jardín y atrapar grillos y lagartijas. Pero también pasa dos horas al día leyendo la Biblia.

Ezekiel Stoddard aún no sabe que quiere ser cuando sea grande. Dice que aún tiene mucho tiempo para pensar. Pero sí dice saber qué auto quiere tener.

“Voy a manejar un Corvette o quizá un Chevelle. No me importa qué tipo, sólo sé que será un Chevrolet”, explica animadamente.

“Pero”, dice poniéndose más serio y filosófico, “lo único que quiero en realidad es estar en este mundo y continuar predicando”.

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